viernes, 2 de noviembre de 2007

x :: radio corazón de bolivia







21 de enero de 2007.
en la cama del hotel de Don Fortunato, Tilcara. a. duerme.


qué raro leer los neochilenos con más de 22.






a la noche salimos a comer. fuimos a un restaurante donde tocaba una banda de jazz. pedimos comida muy rica y un vino callia syrah-tanat de san juan. estuvo muy lindo hasta que nos cobraron sin avisar por el espectáculo.
mientras cenábamos, a. me contó la historia real de sabrina, la hija del rockero metal que jugaba a las cartas con él algunas veces, en el bar, mientras otras él se quedaba a esperar en el auto y leía von schlemil.
una historia increíble que no recuerdo bien, en la que su papá es habitué de un lugar llamado piano bar, y su guitarra es arreglada por un luthier recomendado que, a cambio del arreglo, pide afinamiento de su auto y, claro, el papá de a. arregla ese auto – y lo usa de mientras- a la vez que la guitarra no anda muy bien.
las baladas célticas que a. me toca unían esas dos historias, igual que al papá de a. y a. mismo-


cuando salimos del restaurante fuimos a la plaza a fumar uno, y ahí, de las sombras de tilcara, surgió una ciudad del pecado. imágenes borrosas de una orgía en una camioneta (los pueblos de la quebrada no dan abasto con el hospedaje, y hay gente que vive en sus autos), perros que comen mierda humana y se pelean por el pañal de qué sucio bebé, nosotros intentamos surfear la locura pero a mí me gana un extraño dolor en el pecho y así nos levantamos de ese parque cuyos canteros están rodeados por arbustos secos y espinosos, y caminamos entre multitudes opacas, iluminadas por faroles de autos, como los faroles que delatan escapistas en las cárceles, y suenan trompetas en una calle, la gente baila y pone caras extrañas, los niños con pulóveres a rayas tropiezan y me tocan las piernas como queriéndose llevar algo de mí, la gente sigue circulando sin rumbo, con cartones de vino en las manos y la mirada ausente, con vasos de cerveza de un litro y pasos zombies, uno que pasa cerca de a. y quizá ve su remera de los ramones porque empieza a gritar hey ho let´s go una y otra vez, y a. se pone contento (hacemos un par de chistes en la locura), pero después parece que ese grito ramonero nos sigue en la última cuadra hasta el hospedaje, y detrás una camioneta de la policía con todas sus luces encendidas, en plena vibración de caza, parecía cosa de un cine 12 monkeys: un loco con una guitarra gritando una y otra vez hey ho let´s go, mirando hacia un punto ciego adelante, como un militar hipnotizado, y en contraste el ardor blanco de las luces policiales que lo siguen lentamente y lo acechan hasta el cruce con la próxima calle. nuestra calle. porque nosotros vamos delante de ese pibe, que decide girar a la derecha. y la policía, la policía gira hacia nuestro lado, nos ve como sospechosos (con nuestra botella de syrah-tanat) y se acerca a ritmo pausado y diabólico, como un ovni a 50 cm de la tierra, mientras nosotros bajamos por la escalera de don fortunato, y nos perdemos para siempre en un sótano clandestino.
arriba, por un rato, siguen las luces del patrullero.







5 comentarios:

ema déborah finzi dijo...

Indudablemente que P es la gran protagonista de blue tatoo. Y qué protagonismo. besos, e.

mimi dijo...

ema lee, en este blog sólo hay cosas seguras: perros, recuerdos, locura, y todo lo que te imaginás

mimi dijo...

ps: esa no es la paprika, pero hubieran sido ideales el uno para el otro

besos

ema déborah finzi dijo...

Mi-Mi: se me hace difícil leer este último post por el color de la letra. Uy, qué cosa me confundí a la Paprika con otro can. Espero que me lo perdone.
besos

mimi dijo...

jamás me enojaría, ema lee, jamás

besos besos besos

mi